Joy

27 diciembre, 2015

Con la navidad llegó a los cines la muy promocionada biopic-ficcional Joy, el último trabajo del director David O Russell, que reúne por tercera vez a Jennifer Lawrence y Bradley Cooper así como también a Robert De Niro entre los protagonistas. Primero fue el éxito indiscutible de Silver Linings Playbook y luego American Hustle, dos films muy bien recibidos por la crítica y premiados. Pero este último proyecto de Russell demuestra que todo concluye al fín y la triada favorita del cineasta podría ya no estar funcionando del todo.

Joy (Lawrence) es una madre divorciada con dos hijos viviendo junto a su abuela, su ex marido, su madre y su padre (De Niro), también divorciados, bajo el mismo techo. Tapada de deudas y con conflictos en su hogar, la protagonista recibe una epifanía en un sueño y decide hacer uso de sus habilidades inventivas para crear un trapeador innovador que facilita considerablemente la limpieza de la casa, y que terminó generando una revolución en el mercado de tele venta estadounidense.

Joy

Bradley Cooper

La fórmula de Russell tenía buenos componentes: la actriz más solicitada del momento, una pareja que ya había funcionado, una historia jugosa y querida por los norteamericanos y una mente como la del director para reunirlo todo. Sin embargo el resultado final no funciona como debería.

Para empezar, la historia de la familia italoamericana con toques noveleros es algo que el director ya ha hecho, y lo ha hecho mejor. A esto se le suma Robert De Niro interpretando el papel de padre conflictivo con descendencia italiana, algo que ya se ha visto hasta el cansancio, lo que no implica que no lo haga bien, pero no aporta nada nuevo. Por otro lado para los que esperaban la química Cooper-Lawrence en pantalla, esta se explota poco y Cooper termina teniendo un papel bastante llano, que inyecta algo de adrenalina a la trama en un principio, porque implica un cambio en el transcurso de la historia, pero no esperen nada similar a Silver Linings Playbook.

Joy

Lawrence, como Joy

La actuación de Jennifer por su parte es correcta, porque ella actúa bien y en pantalla se ve bien, pero no termina de cerrar coherentemente. Es la primera vez que la actriz encara sola un proyecto serio y maduro después de Los Juegos del Hambre (literalmente aparece en todas las escenas), pero a mi gusto son las idas y venidas en el tiempo de la historia las que debilitan la verosimilitud del personaje de Lawrence y al final de cuentas el papel de la Erin Brockovich de los lampazos le termina quedando un poco grande a la joven actriz de la cual yo al menos esperaba un poco más.

Lenta, por momentos confusa y con diálogos que podrían ser mejores, la película decepciona y por momentos aburre pero no es un desastre, porque de una forma u otra Russell encuentra la manera, con una buena fotografía, buena música y muy acertada dirección de arte, de presentar una pieza estética, que tiene un final feliz y que genera empatía por la historia alentadora y admirable de su protagonista.

Joy

Robert De Niro y Jennifer Lawrence, más parte del elenco

El género no es mi favorito, no pagaría por verla en el cine, y tampoco la pondría como plan de un sábado a la noche, pero para los que quieren ver mucho de Jennifer Lawrence, o aprecian el tipo de películas que presentaría Virginia Lago en Telefe, Joy es una opción, desde el jueves pasado, en cines y torrents a nivel mundial.

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